miércoles, 28 de diciembre de 2016

Y ganamos la guerra cultural



Descubrí esto hace bien poco.

Un día estaba yo tranquilamente viendo la televisión cuando me encontré con una serie policiaca de derechas. Lo cierto es que me sorprendió, pensé que la serie era "demasiado" de derechas. Pero bien visto, no es así. Es, simple y llanamente, de derechas.

Recordé lo que suele decir Marhuenda de que en este país los artistas son todos (o mayoritariamente, más bien) rojos. Y yo pensaba que era una estupidez, que eso ocurría en todos los países (es así en EEUU, Gran Bretaña, Alemania, etc.). Y pensaba que era normal, puesto que la creatividad y la crítica requieren de romper moldes y eso es más cosa de la izquierda.

Como digo, ando aún un poco verde en este tema.

Por supuesto, sabía de autores y actores que eran de derechas (de Concha Espina a actores de Hollywood) pero siempre habían sido una minoría.

Cuando ganó Trump las elecciones, salió un reportero del país muy enojado y decía que habíamos ganado la guerra cultural y ahora era vergonzoso ser racista o clasista o simplemente de derechas. Y claro, la gente no se atrevía a expresarse, no podíamos discutir y se formaba de pronto un pitote como la victoria de Trump.­­­­

Yo ya sabía lo que era la guerra cultural, pero no fui plenamente consciente de que la habíamos ganado hasta que empezamos a perderla. Y está sucediendo ahora, justo frente a nuestros ojos. Y no me refiero a la serie de Telecinco, esa que recibe críticas a tutiplen, porque estas guerras se empiezan a ganar en un ámbito más delicado: el publico infantojuvenil.

Soy de esas pocas personas que trabajan en casa y, por suerte, suelo escuchar de fondo las series que mi hija ve en televisión. Hace poco le prohibí ver Kid Danger, una de esas series absurdas, bastante malas, que no son de dibujos y que presentan familias con padres estúpidos, que son, por lo general, relativamente inocuas. A mí no me gustó desde el principio, había algo que, simplemente, no me encajaba. Luego fueron saliendo cosas puntuales, un comentario veladamente machista por aquí o por allá, pero el colmo fue cuando dedicaron casi un capítulo entero a criticar la visión cooperativista del mundo con hechos simples que argumentaban que sólo a través de la competitividad se pueden alcanzar las metas y ridiculizaban hasta el extremo la visión contraria.

Otro ejemplo. ¿Sabéis que han destrozado "El rey león" de Disney con una serie llamada "La guardia del león"? Bueno, va sobre el hijo de Simba (que en la segunda película no existía, pero claro, se lo han inventado porque no iba a ser la hija la prota, líder del equipo de la guardia que protege el reino) que tiene un superrugido y tonterías semejantes. La guardia son él y sus amigos (tres chicos, una chica) que son elegidos por sus cualidades. El primer episodio que vi sobre la aceptación de un extranjero fue esperanzador: Una hiena, con la mala fama que tienen, que al final no era mala y respetaba el "ciclo de la vida", se hace amiga del protagonista y termina marchándose a su territorio con la promesa de volverse a ver enseñando así una moraleja sobre tolerancia.

Muy bonito, si no fuera por el capítulo que hubo más adelante sobre los chacales, donde nos muestra la diferencia entre el extranjero "bueno", que viene, respeta y asume tu cultura, y después se marcha a su puto país que es donde debe estar; y el extranjero "malo", que se "infiltra", sirviéndose de la bondad del país que lo acoge, trae a su familia para "invadirlo", robando y aprovechándose, escudándose en que "desconoce" la cultura para hacer todo tipo de maldades y destruir la sociedad, pero de forma sibilina, siendo amable para "parecer bueno". Por supuesto, a ese extranjero malo hay que expulsarlo. Probablemente lo más aberrante de este episodio sea que el chacal "infiltrado" es… un cachorro, es decir, un niño.

Cuando salió ese episodio en la pantalla, mi hija me miró y me dijo: "Mamá, este episodio no te va a gustar". Afortunadamente, ella ha sido criada en unos fuertes valores de tolerancia, ha sido advertida sobre los engaños en la televisión y hemos analizado juntas las moralejas y los mensajes de muchas historias que nos han llegado. Ella sabe discernir pero… ¿Cuántos niños que ven esa serie no lo son? Digo más ¿y cuántos padres?

Para que veáis que no exagero, os dejo el capítulo en cuestión aquí, os recomiendo verlo: https://drive.google.com/file/d/0B7wfpQXavUY_RzlnZ2M3bEluN00/view

El otro día hice algo que no suelo hacer: Ver una película española. "Secuestro". La protagonista es una abogada que se dedica a evitar que entren en prisión los grandes defraudadores de impuestos. Una joyita que es madre de un niño que declara ser secuestrado. Una película donde todos son malos, así, sin distinción, sin mensaje, sin nada. Pero los peor parados, sin duda, son los malvados sindicalistas, sicarios, ladrones, mentirosos y de todo. Tampoco queda muy bien el parado de larga duración que ya pasa de ir a entrevistas y se dedica a apostar en peleas de perros. Y aunque la prota no sea una santa, tampoco es la mala porque se la ve desesperada por ayudar a su hijo.

En fin, qué desastre. Tanto que busqué si es que Blanca Portillo se había hecho de derechas o algo.

¿Qué quiero decir con esto?

Ganamos la guerra cultural, pero perdimos otra, la económica y, con el tiempo, eso nos está pasando factura. La izquierda (así, a nivel global en Occidente) no ha encontrado ninguna contraposición al liberalismo (hablemos del social-liberalismo como oxímoron, por favor) y ahora se ha convertido en una realidad indiscutible. Y no se puede luchar culturalmente contra una realidad indiscutible. Es como intentar luchar contra la ley de la gravedad.

Afortunadamente, aún no hemos perdido la guerra cultural, seguimos dominando esa parcela y tenemos que encontrar la manera de defender nuestras ideas en el campo de batalla de la cultura o estaremos perdidos.

Quedaos con esta puta maravilla, para que veáis que aún hay esperanza.


Y, por favor, si no dejáis que vuestros hijos se metan mierdas en la boca, no dejéis que se las metan en la cabeza.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Mis respetos a la muerta

Los muertos son así, aburridos. No saltan cuando los pinchas, no sienten culpa ni dolor ni rabia. Por eso a los muertos hay que dejarlos en paz. Además, si ya te has muerto, no puedes recibir tu merecido, bueno o malo. A no ser que el lector sea creyente, en cuyo caso, toma, una piruleta.


En la otra vida te doy la de verdad, apúntamela.

A los muertos se les debe eso, dejarlos en paz. Pero amigo, aquí nos encontramos con una cosa muy distinta: el respeto. Y yo respeto a los muertos ¿eh? No voy a ir a orinarme en la tumba de alguien durante su funeral mientras me marco un baile, pero de ahí a que no se le pueda criticar nada a esta señora porque “está muerta”… ¡Joder! A ver si diferenciamos entre muertos y santos. Los primeros son los que ya no están vivos y los segundos son los que no existen.

A nadie se le ocurriría decir que no vamos a criticar a Hitler, Mussolini o Franco porque oye, es que están muertos. La muerte no exime de culpa.

Y ahora saltarán los de siempre: “¿Y el respeto a las familias dónde queda?”. Pues ni zorra. Ni me importa. Yo no me he metido con los familiares de esta señora y el hecho de criticarla, e incluso de insultarla, no es una falta de respeto a ellos, sino a la susodicha. Que además ya ni siente ni padece, así que lo mismo da.

El respeto es algo universal, que ha de tenerse, por así decirlo, “de serie” hacia todo el mundo. Luego hay gente que se gana el respeto con creces y gente que lo pierde por ser despreciable. Y aquí esta señora entra en el segundo grupo para gran cantidad de personas que vieron cómo se burlaba de las victimas de metro, después de ocultar uno de los mayores accidentes europeos en este ámbito, cómo dilapidaba el dinero, se vendía por bolsos caros, no aparecía por su trabajo pagado con dinero público, se negaba a que la juzgara el tribunal que juzga al pueblo llano y un larguíííííísimo etc.

Esta señora se ha ganado el desprecio de muchos, y ese deprecio perdura, viva o muerta.

Y como se ha muerto de un infarto (que es lo más habitual a esa edad) ahora resulta que la hemos matado sus críticos. ¡Qué piel tan fina tienen algunos, oiga! No se va a poder acusar a nadie de corrupción, aún cuando está corroborada tal acusación por medios policiales y judiciales… ¡Porque igual se nos muere! ¡Y tenemos que cargar con ello en nuestra conciencia!

El ministro de justicia dice que sin pruebas, a pesar de que por las pruebas la imputó… sí, la justicia

¡Almas cándidas! Después de la excusa del “mi marido es el que llevaba esto y yo firmé por amor” llega el “no me imputes que me muero”. Yo me apunto a esta moda. Cuando por la ley mordaza me llamen a declarar al leer este artículo, diré: “No puede imputarme, señoría, que hay pruebas fehacientes de que ello puede matarte. ¡Me está condenando a muerte señor/a juez/a!”.

Esta mujer me mata

Quiero recordar, así por si a alguien se le había olvidado en la vorágine de todo este sinsentido, que el PP está intentando aprobar una ley para fortalecer la “protección del honor” (jajajajaja, so great) y que toda esta polémica le viene genial.

Pero aquí no acaba el cuento, amigos. Después de culpar a prensa, tuiteros, oposición y demás, de ser unos seres sin corazón asesinos de ancianas en hoteles de lujo, los medios de comunicación contraatacan: No fueron ellos, fue el PP quien la mató.

¡Claro que sí, campeones! Ante una gran estupidez, soltemos otra, por favor. Que no decaiga.

Porque ahora los partidos no deberían dar de lado a los que se ven salpicados de hundidos en la corrupción, porque igual ¡se mueren! Vamos a echar en cara al partido que la diera de lado (así de medio lado, porque bien que Marianico el corto la puso en la permanente en el senado) para sacudirnos esta mierda que nos han lanzado. Y así, en pelea de barro, observo pasmada cómo se echan mierda unos a otros.

El otro día Fernando Berlín decía algo como: “Calmémonos un poco para ver esto. Hay que ir a lo que provocó ambas cosas, tanto que la echaran del partido como el que tuviera sobre ella el foco mediático. Y eso fue la corrupción”.

¡Algo de cordura, al fin!

Una señora se enfanga en corrupción, con el partido imputado en valencia, y la culpa la tienen los medios por decirlo, los tuiteros por hacer crítica humorística, los políticos por atacarla, su partido por echarla… ¡La culpa es de ella! No te jode, que no se meta en esas mierdas. Porque, incluso siendo buenos (buenistas, más bien, que diría mi odiado Marhuender) y pensando que no se llevó un duro y ni siquiera financió ilegalmente el partido, incluso así, habría pecado de hacer la vista gorda, de no vigilar, de no asegurarse de poner en buenas manos las cuentas. Eso por no mencionar la larga ristra de otras cosas que esta señora (¡oh, infame señora!) arrastraba consigo.

Así que, con todos mis respetos, váyanse a la mierda. Y a esta señora sólo la deseo que descanse en "paz"… ¡en tanta paz como tranquilidad deja!

martes, 25 de octubre de 2016

Habéis entendido la disciplina de voto al revés



Últimamente está hablándose mucho sobre la diciplina de voto y el artículo de La Constitución que niega el mandato imperativo sobre los diputados.

Hay que comprender esos conceptos en el contexto de este gobierno democrático representativo para que sepamos de qué demonios estamos hablando.

En España los partidos utilizan listas cerradas. Esto significa que los electores no eligen ni siquiera a sus representantes individualmente, sino que los partidos exponen listas ya creadas por ellos mismos y es entre esas listas entre las cuales los votantes pueden elegir. Cuando un partido dice que tiene listas abiertas, se refiere a que las listas cerradas son conformadas previamente por la ciudadanía o los militantes; pero a nivel procedimental, lo que se votan son listas cerradas.

Entonces, ¿qué votas cuando votas? Votas la lista de un partido en base a su programa electoral.

Bien. Al conformarse este sistema los socialistas europeos se dieron cuenta de que los electores tenían un control muy bajo sobre lo que pudieran votar unos diputados que ellos no habían elegido. Esto llevó a que se creara el mandato imperativo del partido, es decir que aquello que decidiera el partido tenía que ser obligatoriamente votado por todos los representantes de la lista, de modo que si en un momento dado un grupo de disidentes votaba algo contrario a la postura oficial y pública del partido, pudieran hacerles renegar de su escaño. Esta medida se tomó para evitar que los diputados votaran, por sus propios intereses o ideas, en contra de lo que programáticamente estaba establecido, de modo que los electores mantuvieran un cierto control para que su voto fuera en la dirección que habían elegido. Ello reducía el congreso a algo absurdo, puesto que sería lo mismo tener a una sola persona de cada partido con una cantidad de votos a su disposición para las votaciones, dado que no habría disidencia posible. El término medio entre una cosa y la otra es la disciplina de voto, que no obliga a votar lo mismo, dando la posesión del sillón al diputado, pero permite una serie de medidas disciplinarias como ser reprendidos y castigados, e incluso expulsados (del partido, nunca del escaño).

Dicho esto. ¿Es posible esgrimir la disciplina de voto en contra de aquellos que quieren cumplir con los compromisos electorales por los que sus listas fueron votadas? Esto es lo que quiere hacer el PSOE con los rebeldes que se niegan a abstenerse ante el PP, pero, si el sistema fue ideado para que los electores se asesugararan de que no hubiera, por así decirlo, "traidores" entre los elegidos por el partido, cuando es el partido el que traiciona sus promesas electorales no parece lógico poder acusarles de saltarse la disciplina de voto.

¡Cosas de la "democracia"!

lunes, 4 de abril de 2016

La superioridad de la élite intelectual


Somos tontos. Por lo menos, los pobres e incultos. Uno de los problemas es ese, que no sabemos la diferencia entre "inculto" y "tonto". De esta confusión deducimos falsamente que el culto es listo. Y confundimos, para más inri, "culto" con "académico". Ahí tenéis las definiciones, para que las consultéis. So vagos. Porque encima, el que no se cultiva no es porque no tenga medios materiales, motivaciones o tiempo, es porque es vago o maleante, y prefiere hacer otras cosas. Esta es por supuesto una mentira a medias.

En el programa de la Sexta El Intermedio hacen a veces esa sección que me exaspera e interesa por igual: "Barrio rico, barrio obrero" -lo de "barrio pobre" parece ser que era demasiado políticamente incorrecto- y una vez preguntaron sobre el trabajo de los hijos, y uno del barrio rico dijo que todos sus hijos trabajaban porque se había molestado en darles una buena educación, mientras que otros padres no se preocupan de la educación de sus hijos. Y se quedó tan ancho. Ignora tal vez este loable caballero factores como la comida y el techo por delante, o que los hijos han de trabajar para ayudar a sus familias en quiebra. Pero aquí cada cual a su egocentrismo.

Minuto 4:10-4:20


Volvemos a los académicos listos. Hace poco se montaba un revuelo tremendo porque un recién ingresado a la RAE decía que la alcaldesa Ada Colau tendría que estar vendiendo pescado. Muchos han tomado esta afirmación con no poco sentimiento de indignación. La mayoría le han acusado de machismo. En realidad, la perlita es más clasista que machista, pero lo mismo da, hoy de lo que quiero hablar es del sentimiento de inferioridad moral de los no-académicos y del de superioridad de los académicos.

Hablaban al día siguiente en Al Rojo Vivo -sí, veo la Sexta la mayoría de las veces, aunque sea neoliberalista lo es menos que el resto de las cadenas- sobre las declaraciones de este señor y, tras tacharlas de "desafortunadas", remarcaban con insistencia que éstas no demolían la brillante carrera de quien las había pronunciado, que era un estudioso muy respetado y con muy buenas obras en su trayectoria.

¿Y?

Voy a haceros un descubrimiento que igual os deja helados. Agarraos a los reposabrazos de la silla.

Ser académico no te hace más listo. 


Wow. Respirad hondo. Tomaos un momento para asimilarlo. ¿Ya? No, no tranquilo. Tómate tu tiempo, porque aún hay más.

 Imagen zen de relajación, para ayudaros a calmaros.

¿Preparado? ¿Seguro? Ahí voy:

Ser académico no te hace moralmente superior.

Ser más listo tampoco.

¿Cómooooo? Sí, sí, lo sé. Es mucho para procesar en un solo artículo. Es normal si sientes que los cimientos de tu vida se tambalean bajo tus pies. Querrás pruebas. Tranquilo. Mantén la mente abierta. Ahora piensa en ese iletrado, ese analfabeto o casi, que todos conocemos alguno, o al menos hemos oído hablar de él, que sin embargo es un trozo de pan. Buena persona, pero bueno de esto que dices "de bueno pareces tonto, hijo". Eso desmonta automáticamente la falacia. Pero seguro que también sabes que hay listos con muchas carreras que son unos hijos de la gran puta. Por ejemplo, el evasor de impuestos que sabe, perfectamente, que los millones que no paga a hacienda van a repercutir en los servicios ofrecidos a los ciudadanos más desfavorecidos y tiene un plan tela de complicado (o piensa en quien lo haya urdido, para tales fines sin duda) para no pagar un duro.

Ser listo no es sinónimo de ser buena gente. Y por supuesto ser académico no es sinónimo de ser listo. Ni todos los académicos son unos lumbreras ni todos los lumbreras son académicos. Hay mucha gente con potencial que se queda en la cuneta y mucho "enchufado" que se lleva el título sin capacidades (o copiando, como ciertos ministros alemanes ¿verdad?). Así que he aquí esta verdad incómoda. Estudiar y tener reconocimiento no es sinónimo de ser un ente digno de idolatría.

Hay un personaje en un libro mío que dice: "Los poderosos sólo lo somos porque vosotros creéis que los somos". Con la élite intelectual pasa un poco lo mismo. Ellos, como todo egocéntrico, a menudo se piensan que son más que los demás, y nosotros, que nos vemos chiquitos a su lado porque no sabemos de astrofísica o frases famosas que no sean de Coelho, alimentamos esa falsa creencia, inflando su ego y convirtiéndolos en creadores de verdades que de verdades tienen poco. Renunciamos a nuestro buen juicio, a nuestra capacidad crítica, para entregarles a ellos, más sabios, la obligación y el derecho de cuestionamiento generalizado. Es decir, nos creemos lo que nos digan, aunque sea una soberana estupidez.

Es cierto que a un académico de la lengua un iletrado tiene que escuchar lo que dice sobre lingüística, pero es absurdo que ampliemos ese conocimiento a todos los campos. Dígale usted al universitario de clase alta que no ha cuidado una maceta en su vida que mantenga un huerto. Verá cómo el campesino más analfabeto lo hace mejor.

Pues bien, con la ética pasa algo parecido. No es que los académicos no conozcan el campo de la ética, es que cualquiera en sociedad lo conoce. Todos. Sí, hasta los pescaderos, friegasuelos y camareros. Todos. Tú también. La conoces tanto como el académico y, por supuesto, tienes tus propias teorías al respecto. Así que deja de asumir que él, el que ha estudiado mucho, entiende más de moralidad que tú.

Se critican las palabras del académico con la boca chica para luego abrirla bien encumbrando sus conocimientos "Sí, un patinazo, pero eso no borra toda su loable carrera".

Y una mierda.

¿Tenemos que admirar a alguien que es muy estudioso o muy inteligente cuando es un jodido cabrón? Y no hablo del académico de la lengua que ha dicho eso sobre Colau, hablo en general. "Oh, sí, Hitler era un gran estadista. Y le gustaban los perros". Ah, estupendo, alabémosle todos. ¿No veis lo absurdo de esta forma de pensar? Cualquier capacidad que tengas, física o mental, no te exime ni es atenuante en un juicio de valor. Así que dejaos ya de estupideces y de avergonzaros, si el fulano es un inmoral, lo es, aunque sea un inmoral con muchos títulos y entrevistas a sus espaldas. Sacudíos de una vez esa inferioridad.

El clasismo en el que se enmarcan las palabras del académico a Colau son una bravuconada propia de quien se considera superior. Y es de sabios ser humilde pero, joder, también es muy difícil, así que no se lo toméis en cuenta. En cambio, cuestionadle, no como lingüista, sino como persona, porque igual que medimos sus capacidades y logros en un campo, hemos de hacerlo en otro diferente sin confundir una lid con otra.

En resumen, sentíos libres de decir: "Será muy listo, pero es una mala persona".

jueves, 24 de marzo de 2016

Cárdenas y el tarro de mermelada

Medida de protección infalible para que ningún hombre pueda seguir leyendo este post
Sacada de wikipedia.

¿Os acordáis de cuando hace tiempo, en relación a cierto programa, se propagó un bulo sobre Ricky Martin y un tarro de mermelada? Hace poco ha pasado algo parecido pero a la inversa. Cárdenas, en su programa de radio "Levántate y Cárdenas", hizo una serie de comentarios que muchos consideraron inadecuados pero que, por ser equidistantes, como poco resultaron polémicos. Si no os habéis enterado de la movida, os pongo en antecedentes.

Hace unos días saltaba la noticia de que a un profesor de universidad le molestaba el escote de una alumna para dar clase, y así lo manifestó, al parecer, en el propio aula. Algunos alumnos indignados realizaron una protesta al respecto de carácter feminista.

El señor Cárdenas, como muchos otros, decidieron opinar al respecto, y su opinión fue, básicamente, que el profesor no tenía que haber dicho semejante cosa en público ni referido a su propia persona, sino que tenía que haberse llevado a la alumna a un aparte y comunicarle que el escote distraía a sus compañeros varones, o en su caso acudir a manifestar su queja al director pero (ay, estos "peros"), en relación a la chica, que a clase no se va a ligar ni, básicamente y sin citar su literalidad pero se infiere, a exhibirse, asumiendo la razón del mencionado profesor. 

Ante el revuelo, el programa (si no el propio Cárdenas) decide empezar a eliminar de la red de redes esa parte del audio, pero internet es así y deja huellas y la gente copia y transcribe y comenta, y claro, todo se sale de madre. Ante al menos un artículo en concreto, el señor Cárdenas responde él mismo que va a presentar a servicios jurídicos y la web decide borrar el artículo por evitarse problemas.


Cárdenas, amenazando. Imagen de su twitter sacada de este artículo


El objetivo, al fin y al cabo, era que todo quedase sin pruebas y, para el que hubiese oído campanas sin saber de dónde venían, que la historia quedara en un bulo como el de Ricky Martin y el bote de mermelada.

Aunque toda esta historia es harto interesante y podríamos debatir largamente sobre la capacidad o incapacidad de un ente relativamente poderoso (como un programa radiofónico o un presentador famosos) para borrar el rastro virtual de una cagada en directo, voy a centrarme en lo que subyace en la polémica levantada por las palabras de Cárdenas (y de muchos otros).

El hecho es que el machismo tiene que tener controlada a la mujer y si para ello ha de convertir al varón en un animal descerebrado, lo hace. Es decir, todos sabemos que tenemos hormonas e instintos, pero nuestra capacidad para controlarlos, tanto en hombres como en mujeres, está sobradamente demostrada. Pretender que el macho es física o mentalmente incapaz de concentrarse en cualquier otra cosa cuando hay un par de tetas delante es, como poco, insultante para el sexo masculino. Sugerir que las mujeres debemos cuidar nuestra vestimenta para evitar que nuestros compañeros varones en clase suspendan sus exámenes o no tomen apuntes es injusto: esa no es nuestra responsabilidad.

¿Qué le está enseñando este profesor a sus alumnos varones con esta declaración? Que si en el futuro tienen una jefa o compañera que guste de llevar escote, más les vale cambiarse de trabajo, porque evidentemente no tendrán capacidad suficiente para concentrarse en sus tareas laborales. ¿Y a las féminas que le escuchen? Que tienen la capacidad de manipular a su antojo a los hombres según la medida de su escote, dado que estos son incapaces de ver nada más allá.

Esa idea del hombre como un ser abandonado a sus instintos más básicos, a los que se les pone visión en túnel hacia el escote más cercano, no sólo es estúpida e insultante: es peligrosa. De "ningún hombre puede concentrarse en estudiar con unas tetas delante" a "¿cómo no iba a esperar que alguno intentara tocarla el culo llevando esa minifalda?" hay un paso muy pequeño. La teoría de culpabilizar a la victima de agresiones sexuales tiene la misma base: el hombre no puede evitar abandonarse a sus instintos si se lo ponen tan a huevo.

De ahí las protestas de los alumnos. De ahí la polémica de sus palabras que Cárdenas ni ha entendido ni quiere entender. De ahí que la lucha feminista tenga que estar siempre alerta y denunciar estos casos y estas declaraciones. Y que no se conviertan en "dicen que Cárdenas dijo esto, pero no hay pruebas, como en lo de Ricky Martin y el bote de mermelada".